martes, 11 de enero de 2011

Algunas vidas se parecen a la de un árbol... (eso creo). De los de hoja caduca...
No se de que familia, pero... robusto, d
e tronco ancho , con no demasiadas ramas, pero frondoso cuando es llegado el tiempo de dar su sombra al caminante que sobre él reposa y busca cobijo.

En tiempo de tormentas, nos protege de la lluvia, aunque él se empape. Y sus hojas se lavan, resistentes, mejorando su imagen.
En los otoños melancólicos, esas hojas, color de crepúsculo, se despre
nden y vuelan, como queriéndose marchar hacia otra parte,. Se arremolinan, y adoptan varias formas cambiantes entre la suave brisa, hasta que finalmente, se detienen caen.

Forman así una alfombra mullida en bosques y paseos, crujiente al paso del silencio de quien sobre ellas viene a posarse.

Pero el tronco resiste, quieto, constante, con los brazos siempre abiertos y extendidos ofreciendo su abrazo a quien quiera abrazarle.

Desde su silencio, deja que silbe el viento entre
sus ramas grandes, o entre el follaje emita un suave murmullo, y que nos hable.

En ocasiones, debe soportar alguna agresión leve e irresponsable de alguien que deja grabado algún mensaje sobre su corteza, marcándole para siempre en esa parte que , externa, puede mostrarse. Pero solo marca lo superficial. El núcleo, el centro, queda indemne.

Ese árbol que quieto, parece recordarme etapas de una vida, hoy me trae mis recuerdos, de aquella tarde en que yo misma planté dos de ellos con no pocos esfuerzos, en unos huecos que había dispuesto, tras cerciorarme de que era un sitio bueno para que se desarrollasen adecuadamente, es decir manteniendo la proporción entre raíces y copa.

Pero al árbol no le importan demasiado los rigores de fríos otoñales o de invierno, porque el árbol renacerá de nuevo en primavera, y nos regalara los brotes y reto
ños de los que poco a poco se ira revistiendo formando un vestido ágil, que vuela con el viento ofreciendo ilusiones de una vida nueva, pues no hay dos hojas que por mas parecidas sean iguales.

Tan solo hay una cosa que nunca cambia en la vida del árbol. Su entrega-

...aún cuando llegue el día, y sea ya el momento de que se le aproxime la herramienta apropiada que a fin lo tale
aún cuando alguien desmenuce su tronco y lo convierta en
astillas.


Aún entonces, sus profundas raíces permanecerán aferradas a esa tierra de la que un día brotaron, tierra en la que germinaron.

Y desde ellas, desde su fuerza, ese resto de tronco mutilado seguirá ofreciéndose gustoso como descanso y asiento de cualquier viajero que , fatigado, d
ecida aproximársele.

viernes, 31 de diciembre de 2010


La libertad es lo único que puedo desearte,
si sos libre... sos feliz,
por lo menos hasta el próximo desvío...
El que
hace que debas elegir.
Y en eso consiste el
ser astuto,
...adelantarse a los hechos,
hurgar en el futuro inmediato.
sobrevivir y disrfrutarlo.
Libre... amor mio y profundo.

martes, 28 de diciembre de 2010


¡La ÚNICA piel que uso ES LA MÍA!-

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Él me quiso; pero yo lo amaba~

lunes, 20 de diciembre de 2010

He elegido mi vida, quiero empezar a vivirla.
Creo que soy quien debería ser y quien soy.
Siempre me he sentido fuera de lugar, como si fuera tropezando constantemente. Nunca me he sentido normal, porque no soy normal, ni quiero serlo, he tenido que enfrentarme a la muerte, a la pérdida y al dolor. En tu mundo, pero también me he sentido más fuerte, no sé, más real, más yo misma, porque también es mi mundo al que pertenezco.
Sí, he dejado de intentar ser buena, ahora voy a hacer lo que quiero, y que sea lo que tenga que ser..

martes, 23 de noviembre de 2010

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA QUIERO TERMINAR EL COLEGIO

domingo, 21 de noviembre de 2010

Nadie muere sin dejar sombras


Lo sucedido en Marzo del año 1976 es difícil de narrar, difícil de comprender y más aún difícil de olvidar.

Graciela Bialet con “Los Sapos de la Memoria” y Alma Maritano con “En el Sur” y “El Visitante” lo recuerdan de una forma entretenida, interesante y entendible para el público adolescente. Ambas tienen dos posturas distintas, Graciela lo cuenta de una forma más histórica, con una novela que en cierto punto es verdadera. Las torturas y secuestros que sufren los protagonistas han sido hechos que ocurrieron en la vida real. Alma lo hace de una manera menos explícita y más equitativa, mostrando “las dos caras de la moneda”, un padre militar y un hijo defensor de sus ideologías, distintas a las de su padre (“En el Sur”). A pesar de estas distintas formas de percibir lo ocurrido, las dos escritoras argentinas relatan sobre la historia de nuestro país.

Con estos libros, con relatos de familiares de desaparecidos, con canciones de artistas (en su momento exiliados), con documentales y todo lo relacionado con la dictadura y la historia de nuestro país, podemos plantearnos que fue una etapa oscura con recuerdos imborrables, llena de torturas inolvidables, secuestros, robos y sangre derramada solamente por pensar distinto a ellos, solamente por llevar libros, por usar jeans rotos, por llevar el pelo largo, simplemente por defender una ideología. Una y mil veces nos vamos a preguntar ¿dónde estaba el derecho a la libre expresión? Si todo lo violaron ¿tanta maldad puede existir dentro de un hombre? ¿dónde tenían el respeto? Si todo lo rompieron, si todo lo escupieron, “todo lo mancharon con su ciego fuego” (Los Sapos de la Memoria).

Hubo miles de desaparecidos, la CONADEP, que es la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, constató más de 9.000 casos. Los organismos de derechos humanos hablan de más de 30.000.

Como todos sabemos, esta dictadura fue la más sangrienta que se produjo en Argentina,
los daños ocasionados no fueron solamente físicos sino también psicológicos,
con heridas a nivel país que aún no cicatrizan. Personas desaparecidas sin identidad,
sin derecho a pensar ni a hablar, injusticias, torturas, personas fusiladas, no al olvido si a
la memoria y al recuerdo de aquellas personas que dieron su vida por defender sus ideologías,
digamos NUNCA MÁS.
 

“Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos. A pesar de los golpes que asestó en nuestras vidas, el ingenio del odio, desterrando al olvido a nuestros seres queridos.
Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos,
por un día distinto, sin apremios ni ayuno, sin temor y sin llanto,
porque vuelvan al nido nuestros seres queridos.
Todavía cantamos, todavía pedimos, todavía soñamos, todavía esperamos”. Todavía cantamos-Víctor Heredia


Julieta Herrera